Semana infernal: sobreviviendo

El finde pasado, tras habernos tocado las narices muchísimo, nos dio un terrible golpe de realidad: los exámenes de diciembre estaban a la vuelta de la esquina y con ellos nuestra última posibilidad de ser libres en navidad.

Nos dimos cuenta de que éramos INCAPACES de concentrarnos solos en casa, sin supervisión de un adulto responsable. Y es por ello que dio comienzo la semana infernal: cinco días consecutivos de pasarnos desde las 9 de la mañana en la biblioteca, dándolo todo.

Estudiar Intro fue muy, muy duro. Entre que había contenido infinito y no estábamos seguros de a qué darle más importancia, y que hemos perdido la capacidad de memorizar, fueron unas mañanas curiosas. Los descansos de cafecito y solecito eran sagrados.

Al llegar el finde aumentó el miedo. Ya solo nos quedaban dos días de estudio, y lo de ser incapaces de concentrarnos por nuestra cuenta no se había solucionado por arte de magia.

Así surgen las videollamadas infernales, en las que estudiábamos en silencio absoluto (excepto cuando a alguien se le ocurría un tema jugosísimo para comentar, hay prioridades).

Y, casi sin darnos cuenta, se nos hizo de noche y al día siguiente a las 8:30 estaríamos sentados haciendo el examen de GAP. Véase cómo pasadas las 00:15 decidimos darnos por vencidos y hacer el retra.

Nos fuimos a dormir. Cagados de miedo, pero sabiendo que habíamos hecho lo que habíamos podido. Costó levantarse, pero a las 8 en punto de ese lunes estábamos todos en Ciudad Universitaria, preparados para lo que se nos viniera (o no).

Llegamos al examen de GAP. Yo lo di todo, luché por demostrar que sabía cosas, pero salí con ganas de tirarme al suelo y patalear, para ser sincera. Y más aún cuando la gente empezó a discutir los resultados y nos dimos cuenta de que NADIE coincidía.

Fuimos a recompensarnos con unos cafés por el terrible examen que acabábamos de hacer, antes de subir a la biblioteca a aprovechar las horas de estudio que nos quedaban hasta el examen de Intro (que era a las 17h).

A Estela se le cayó medio café al suelo, y como Indira es competitiva se le cayó entero al suelo. Lloramos un poco porque estaba siendo un día asqueroso. Y a seguir estudiando.

A las 17h estábamos sentados en la clase, el profe nos miraba y se reía, el muy cruel. Pusimos una estampita en la ventana para que nos diese suerte. Igual tendríamos que haber puesto una virgen en lugar de una foto de Pabs en segundo de la ESO, porque suerte… suerte poca.

Aspirábamos al 9. Nos habíamos aprendido todos los edificios, arquitectos, plantas, casas y proyectos urbanísticos posibles. Pero no, nuestro queridísimo profesor tenía otros planes al poner el examen.

Cuando salimos, mi pobre Pablo (que necesitaba un 5.9 para aprobar la asignatura) sufrió un ataque de rabia digno de película. ¡Y justificado! Vaya mala leche para poner el examen.

Tras cagarnos en todo durante un buen rato, nos obligamos a olvidarlo, y nos fuimos directos a nuestro lugar preferido: la Indi casa.

…Continuará…

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