En Madrid de nuevo

El viernes 17 de enero me monté en un avión con una maleta descomunal (en serio, más grande que la que me llevé en septiembre, no entiendo qué narices he hecho) y aterricé en Madrid 12 días antes de empezar la uni. Te preguntarás por qué. Digamos que tenía compromisos importantes.

iba muy a reventar

Mi llegada fue, cuanto menos, intensa. A las 17:30 llegué a mi resi y me puse como loca a vaciar la maleta y a despejar mi enana habitación porque, a pesar de estar recién llegada, tendría dos invitadas esa noche. A las 20:30, ya arreglada, bajé a recibir a mis kinkis ¡¡¡Reencuentro por fin!!!

primera foto kinki de 2025

Tras muchos abrazos, besos, gritos y saltos, tiramos todos hacia el restaurante en el que Pabs iba a celebrar su cumple (no me digas que no es un compromiso importante). Conocimos a sus otros amigos y probablemente les dimos la impresión de “los intensos de la uni”. No lo podemos evitar.

Le dimos a Pabs sus regalos que yo traía con todo mi cariño en mi maletita (por su culpa me pasé de peso, menos mal que la del check-in del aeropuerto iba medio zumbada). Triunfamos muchísimo con las cosillas que le elegimos.

Luego el restaurante sacó una tarta para Pabs (tenía gluten), con unas velas de 20 (cumplía 19), y una dedicatoria de parte de su hermana (no tiene hermana). Igual no deberíamos habernos zampado la tarta, porque claramente se habían equivocado. Pero para cuando los del restaurante se dieron cuenta del error, ya no quedaban ni las migas #hartadesertankinki

Después salimos de fiesta y Pabs estaba un poco tontito, pero supongo que habrá que perdonárselo porque estaba juntando a todas sus amistades (qué ansiedad) y encima celebrando sus 19 (¡casi 20…! Me da algo).

También nos encontramos a Valentín, por la cara, y nos saludó híper efusivo. Estuvo tan simpático. Amamos a Valentín.

El caso es que fue una noche muy divertida y la culminamos yéndonos la Indi, la Clau y yo a dormir las tres en mi linda camita de 90. Así, para descansar bien en mi primera noche en Madrid.

A la mañana siguiente Indi salió por patas a las 9:00. Clau y yo salimos más tarde, para coger la guagua de las 12:30 junto con el resto… La fiesta de cumple de Indi en Tarancón nos esperaba.

Efectivamente, hicimos dos celebraciones de cumple seguidas, así de pirados estamos. Duchita de agua fría y café en vena para llegar a Tarancón sin parecer zombies resacosos. Costó que te cagas.

Y de repente estábamos en la cerca de Indira (seguimos sin entender muy bien el concepto de “cerca”, cosas de pueblo, suponemos) con todos sus amigos taranconers y su familia.

La abuela de Indi me dijo que era mucho más guapa en la vida real que en las fotos, y lo que menos me esperaba un sábado a la 1 del mediodía era que una señora desconocida me recordara mi escasa fotogenia. Pero bueno.

La gente esta no tenía otro plan más que beber cerveza hasta morir. Y no me mola la cerveza (y encima tiene gluten, aunque no pillo por qué habría trigo en la cerveza). Total, que Pabs y yo acabamos tomando un tinto de verano tras otro. No quiero ni pensar en cuánto bebimos.

Los taranconers hicieron unos bailes coreografiados muy extraños (Clau y yo estábamos tiesas, flipando) y el torpe de Pabs se tiró la bebida por encima como tres veces, y sin darnos cuenta se hizo de noche.

Montaron unas hogueras porque por lo visto era el día de San algo, no me acuerdo de cuál. Y tremendas hogueras!!!!! Alucino.

Después de todo el día charlando y pasando el rato, los taranconers nos llevaron al Mandioca, un bar en el que (adivina qué…) pidieron más cerveza. Ahí conectamos montón con los amigos de Indi y terminamos todos bastante divertidos. No sé ni qué hora era cuando llegamos a casa de Indira.

Nos pusimos el pijama y a dormir en las cómodas camitas que nos habían preparado, que estábamos muertos de cansancio.

foto con nuestros nuevos best friends

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