Viena (2): Inicio del Viaje

Esto de irnos a Viena no ha sido nada excesivamente planeado. De hecho, a pesar de morirnos de ganas de hacer un viajecito juntos durante nuestras eternas vacaciones, hemos procrastinado la planificación TANTO que pensé que el plan nunca saldría adelante.

Empezamos con un “esta noche hablamos del viaje” que nunca se cumplía, y cuando nos vimos en enero, pasado el día de reyes, nos entró el agobio. Y abrimos el melón, con una clara filosofía:

Comenzamos con la idea de una casa rural perdida por algún lugar de la península. Sevilla, Logroño, Pirineos… Después de encontrar mil casas rurales chulísimas a las que era imposible acceder sin coche, alteramos el enfoque:

Y así estuvimos un bueeeeen rato. Era de madrugada y solo quedábamos Clau, Pabs y yo, dándolo todo con la búsqueda de trenes. Eran casi las 2 cuando por la cara Pabs mandó un enlace de vuelos. “Se le ha ido”, pensamos Clau y yo. Pero entonces lo vimos.

Viena.

Con poca convicción empezamos a buscar apartamentos baratos por el centro de la ciudad, y nos quedamos locos. Vuelos + alojamiento y nos salía MÁS BARATO que irnos a una casa rural en Logroño. No entendemos cómo es posible, pero así fue. Dejamos un ultimátum en el grupo de WhatsApp:

(no me van a creer pero a la mañana siguiente los vuelos habían bajado de precio AÚN MÁS)

Véase las primeras reacciones al plan que Clau, Pabs y yo habíamos decidido por nuestra cara bonita:

Total, que el domingo 19 de enero me vi espachurrando mis pertenencias para 5 días en la pequeña mochila de la uni, para que en Rayanair no se me pusieran tiquismiquis. Michi y Lita se presentaron en el aeropuerto dos horas antes del embarque, pero yo soy negacionista con los aviones y me gusta ir justa de tiempo.

Como soy una chica influyente, muchos se unieron a mí.

encuentro en Nuevos Ministerios, dirección aeropuerto

Lo de Marina ya fue hasta exagerado, la tía con toda la calma llegó incluso más tarde que nosotros (también es verdad que por el camino se metió donde no era como en tres ocasiones, la pobre).

girls en el baño del aeropuerto

Total, que sin haber ni asumido que LITERALMENTE nos íbamos a Viena, nos vimos dentro del avión (esparcidos, porque nuestra amistad no vale tanto como para escoger asientos juntos). Y… ¡despegamos!

Nuestra llegada a Viena fue estresante, porque tocaba trasladarnos hasta el apartamento. Sacamos unos tickets de tren y estuvimos como 20 minutos para encontrar el andén. Nos subimos a un tren sin tener muy claro si era el correcto (lo fue!!)

Primera comida vienesa (una buena McPollo de 3€) y llegó el momento más agobiante del día: encontrar el apartamento. Tras unos 25 minutos recorriendo la calle Treusstraße de arriba a abajo sin encontrar ningún portal con el número 12, empezamos a rallarnos. Lita hablaba de timos de Airbnb, generándonos mucha tensión.

Llamamos al número de la reserva y una señora al otro lado de la línea nos ayudó a encontrar el portal. La tía habrá pensado que definitivamente éramos imbéciles cuando le dijimos que no sabíamos abrir la puerta de la calle. ¿Qué culpa tenemos nosotros de que en Viena confíen tanto en la peña que dejen los portales abiertos? Efectivamente, empujamos la puerta y estaba abierta.

Y entonces entramos al piso, y nos quedamos TIESOS. Era una locura de piso. Y encima hacía muchísimo calorcito dentro.

Trajimos a la habitación grande el tercer colchón doble y lo pusimos en el suelo, creando un macro cuarto con camas para todos. Entonces decidimos la organización de las camas: Indi y Clau iban juntas en el colchón del suelo (pringadas). Los peques, Michi, Marina y Lita (Michi es más alto que yo pero eso no es relevante), dormían en la cama más alejada de la ventana para «que no les molestara la luz por la mañana» (literalmente no entraba luz). A Pabs y a mí nos tocaba la cama de al lado de la ventana, ¡¡que estaba pegada al radiador!! Dormimos tan tan tan bien.

Esa tarde hicimos una macro compra en el súper con alimentos aptos para celiacos para subsistir los 5 días, y nos fuimos de paseo nocturno (eran las seis de la tarde y parecían las diez de la noche) por los alrededores del apartamento. Nos dimos cuenta de lo realmente céntricos que estábamos, literalmente al lado del Danubio y a 10 minutos andando del ayuntamiento.

Nuestra primera noche en Viena dormimos calentitos en nuestro pisito, y nos despertamos al día siguiente para encontrar nieve en los coches. ¡¡¡¡NIEVEEEEE!!!!

Paseamos alegremente por la ciudad y vimos la iglesia de Serviten y la de Votiv, que eran preciosas por dentro. Luego fuimos al Palacio Kinsky, en el que por la cara se conocieron los abuelos de Pabs, y nos contó la historia. Y qué historia!!!

Luego entramos todos gratis al Museo de Historia del Arte, que era gratis hasta los 18 años (los cuatro que ya habían cumplido 19 se hicieron los sorprendidos con lo de que había que traer el DNI, y el de seguridad decidió confiar en nuestra palabra. También te digo, lo de que a 21 de enero, 4 de 7 hayan cumplido años es de estudio). El museo nos encantó, y encima nos sirvió para entrar un poco en calor.


Luego intentamos terminar nuestro día por todo lo alto yendo a comernos una tarta Sacher, pero digamos que todo salió mal (no nos dieron mesa en el Café Sacher y fuimos a otro en el que una señora nos gritó, y terminamos comiendo tarta para llevar tristes en el apartamento). El frío que hacía en la calle a partir de las 15h empezó a pasar factura y Clau e Indi comenzaron a ponerse malas de narices. Unas toses, unos mocos… Hubo que racionar las medicinas. Terminamos el día cansados.

Menos mal que Michi tenía un juego de rol con cartas chulísimo que enseñarnos para alegrarnos. «Hitler», el mejor descubrimiento del viaje. Acusar a Clau de ser nazi fue muy divertido.

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