Viaje en el tiempo… ¡a los años 60!

Por fin llegó el finde de los 60, del que Indi llevaba hablándonos desde nuestro primer día de amistad. Y alcanzó todas nuestras expectativas.

Todo comenzó el viernes cuando llegamos a Tarancón. Nos esperaba el garaje de Indi convertido en vestidor, listo para que escogiésemos outfit para el gran día (gracias Noemi por prepararlo todo y por hacer que fuéramos todos tan guapos y sesenteros).

Después de probarnos mil prendas decidimos al fin qué llevaríamos, y cenamos en familia con Noemi y AlvaroDai2.0 (él no cree que se parezcan tanto, pero se equivoca).

Esa noche (en la que supuestamente teníamos que recobrar todas las fuerzas posibles para el gran día) terminamos de paseo por el pueblo hasta la una y pico, con nuestros queridos amigos taranconers. Cuando al fin llegamos a casa de Indi, nos acostamos enseguida.

Al día siguiente nos despertamos y nos arreglamos con todos nuestros complementos sesenteros, muertos de emoción. Y… empezaron los 60.

Llegamos a un bar en el que hubo varios reencuentros con taranconers (todos huíamos de la lluvia). Una viejita a la que sin querer azoté con mi bolso se hizo mi mejor amiga, porque resultó que le gustaban mucho las islas canarias y le caí genial (después de perdonarme el golpe).

Luego nos dirigimos al famoso Casino, para el que no teníamos entradas. Yuju. De repente apareció un señor que… algún tipo de relación familiar tenía con alguien, no me enteré bien. El caso es que nos coló. Por la cara. Y menos mal!!!!

En el Casino tocó un grupo, y sonaron los temazos sesenteros que llevábamos meses machacando. “Corazón contento” fue momentazo. Pero a la cuarta vez que pusieron “Tres cosas (salud, dinero y amor)”, decidimos que era hora de irse.

De camino Clau y yo nos metimos entre las dos una barra de pan tamaño XL rellenita de chóped. El mejor bocadillo de mi vida!!!

Total, que nos fuimos al Mandioca, aquel bar al que ya nos habían llevado en el cumple de Indi, y MADRE MÍA. Debía estar todo el pueblo ahí. Ahí nos encontramos con Inés (del H), y con los amigos de la uni que se había traído. Charlamos, cantamos, y casi nos asesinan cuando Pabs me coló en el baño de chicos (la cola para el de chicas era eterna).

Y luego nos fuimos y llegó el momento del desfile. De los mejores momentos del día. Fuimos detrás de una carroza (por llamarlo algo, más bien era una guagua cutre), y bailamos muchísimo. “La yenka” fue muy divertida, aunque todos se rieran de mi dislexia. Y luego pusieron temazos de Grease, y los bailamos como locos. Terminó con un pogo que creamos sin querer (así de guays somos).

Y luego fuimos al garaje de Sergy (habitual lugar de reunión entre taranconers, según nos contaron). Ahí sacamos a la luz la coreografía de “La chatunga” que habíamos preparado, y está mal que yo lo diga pero fuimos el alma de la fiesta. Clau, Pabs y yo viajamos en moto, Indi se peleó con una palmera, nos dimos muchos besos y al final salimos para el Essentia.

El Essentia era, en esencia (ja ja), una discoteca en la que TAMBIÉN nos colamos. Aquí se terminó el aura sesentero, porque muy a mi pesar empezaron a pinchar reguetón. Pero he de decir que fue una fiesta chulísima, lo pasamos genial.

Eran las seis y pico cuando nos echaron del sitio y tiramos a andar hacia casa de Indi. Pabs y yo dormimos acurrucaditos para batallar el frío.

A la mañana siguiente no pudimos irnos en la guagua de las 13h, porque se acabaron las plazas, así que tuvimos que quedarnos a almorzar con la familia de Indi (nos van a acabar odiando). Comentamos el día anterior. Había muuucho que comentar. Revelaciones inesperadas, reflexiones extrañas… En resumen, VAYA FINDE.

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