En esta entrada vengo a hablar de una miniserie de Netflix que me vi esta semana, porque MADRE MÍA. No paro de darle vueltas.
Para empezar hablemos del asunto técnico, del detrás de cámaras, porque resulta que cada episodio es un plano secuencia. ¡REAL! Sin cortes, sin trucos. 1 hora de episodio grabada del tirón. Es que me parece impresionante la coordinación de todo el equipo para conseguir esto. Y el resultado es que te sientes dentro de la historia, se ve todo súper real porque el ritmo de las escenas es totalmente humano: los actores se interrumpen, se traban, se toman su tiempo para pensar… El plano secuencia me parece un recurso chulísimo.



Y ahora, sobre el tema de la serie en sí (!! podría haber algún spoiler) “Adolescencia” comienza con Jamie, de 13 años, siendo arrestado por la policía, acusado del asesinato de una niña de su clase.
Comencé creyendo que esto iría de descubrir quién realmente había matado a Katie, la niña. Pero en el primer episodio vemos en imágenes de una cámara de seguridad cómo Jamie ataca violentamente a Katie. Así que desde el primer momento nos lo dejan bien clarito: la mató. Y sin embargo, me pasé toda la serie creyendo que habría algún giro, algún malentendido. Algo.
Pero la serie no va de quién lo hizo, ese dato ya lo sabemos. Va de POR QUÉ lo hizo. ¿Qué lleva a un niño de 13 años a asesinar a puñalada limpia a una niña? Y nos muestran cómo los culpables… somos todos.
“Se necesita una aldea para criar a un niño”
Tenemos al padre del niño, un hombre con problemas de ira que, a pesar de tener buenas intenciones, no comprende del todo a su hijo ni el mundo digital en el que este está metido. Por otro lado tenemos a la madre de Jamie, una mujer gobernada por los cambios de humor de su marido… Lo ÚNICO bueno que resalta Jamie de su madre cuando le preguntan es que el asado le queda bueno. Es que manda narices!!!!
A pesar de ser una madre pendiente de su hijo, que lo cuida y se preocupa por él (recordó su miedo a las agujas y sus intolerancias), Jamie idolatra la figura de su padre y lo escoge a él como su adulto responsable para el interrogatorio.


Nos enseñan el colegio de Jamie, lleno de caos y violencia. Los chicos pasan olímpicamente de sus profesoras, hacen falta los gritos de un PROFESOR para que obedezcan. Los dos policías (un hombre y una mujer) llegan al colegio a investigar, y la profesora solo introduce a la clase a EL policía. Tonterías del estilo, que se acumulan, que dejan de ser tonterías…
Un alumno, hijo del policía, le explica a su padre el mundillo de Internet de los Incel, en el que hombres que no tienen “éxito con las mujeres” generan unas ideas de odio a la mujer, de misoginia y masculinidad tóxica, y motivan la violencia para “educarlas”. Igual te suena Andrew Tate. Pues eso.
El mejor amigo de Jamie se excusa por haberle dejado un cuchillo, porque este solo lo quería para “asustar” a Katie. SOLO. Wow.



En el tercer episodio, que es una absoluta LOCURA, Jamie habla con Erin Doherty, una psicóloga. En ella me vi representada porque parece que comienza su conversación con el niño intentando convencerse de que es inocente. Le interroga, y él trata de vacilarla a ratos, sufre un par de ataques de furia cada vez que nota que la mujer gana control sobre él, y termina soltando cosas que te dejan con la boca abierta.
Jamie le habla sobre cómo una foto de Katie en topless rondó por el colegio. Como espectadora, recé porque el chico dijese que había estado mal que se difundiera porque debería haberse respetado la privacidad de la chica, o algo así. Pero… no. Jamie critica al chico que la difundió por no haber esperado a recopilar más fotos, porque ahora “ninguna chica le mandará más”. Ostras, es que me quedo loca.
Y no queda aquí, al final, un Jamie desesperado se defiende a sí mismo porque podría haber abusado de Katie, pero no lo hizo, y por ello se considera mejor que otros chicos que “sí lo habrían hecho”. Aquí vemos ese pensamiento misógino aprendido de las redes que da un cague que flipas. La psicóloga se va casi asqueada, dándose cuenta de los verdaderos pensamientos del niño.


Y en el último episodio nos muestran a los padres y la hermana de Jamie, aprendiendo a vivir sus vidas tras lo ocurrido. Les toca asumir que, realmente, su hijo mató a esa chica.
Reflexionan sobre esos momentos que Jamie pasaba frente a una pantalla, ellos pensaban que estaba seguro. No se imaginaban el contenido dañino que consumía en Internet. Se cuestionan cómo su hija mayor salió “tan bien” y cómo con Jamie pasó lo que pasó, cuando fueron educados de la misma manera. Y esto da vértigo como espectador, porque te paras a pensar y es verdad que a veces las cosas son incontrolables.
Vemos unos padres que se sienten rotos, perdidos, que no comprenden qué hicieron mal o qué podrían haber hecho distinto.

Me parece que la serie tiene un mensaje muy real y muy importante. No es solo una historia impactante, es mucho más. Es nuestro día a día, y debemos tomarlo como una llamada de atención: hay que cambiar las cosas antes de más jóvenes sean víctimas de este sistema tóxico.