Al ser 7 (Michi, Isabel, Lita, Clau, Indi, Pabs y yo) y al no querer separarnos en dos grupos (nos queremos mucho) ideamos un plan para la deriva: una serie de normas asignadas a cada número del 1 al 10, y un número nos haría juntarnos e intercambiar los integrantes de los grupos. Véase la lista que hicimos.

Arrancamos Indi, Michi y yo por un lado, y Pabs, Lita, Clau e Isabel por el otro. Pedimos a la gente de la calle números del 1 al 10 y empezamos a movernos por las callejuelas cordobesas. Nos alejamos del centro en búsqueda de matrículas con el número 7 (el centro eran todo calles peatonales), perseguimos como psicópatas a una chica súper simpática y de pronto salió el 9. Michi, Indi y yo corrimos como locos por Córdoba, tratando de seguir al otro grupo mirando sus localizaciones (no paraban de alejarse, madre mía).
Cuando al fin los alcanzamos, le pedimos a un random que reorganizara los grupos, y terminé con Clau, Isabel e Indi. Nada más reiniciar, nos dimos cuenta de que había que cambiar la regla del 9, porque HABÍA VUELTO A SALIR!!! A partir de entonces para juntarnos tenía que salir dos veces seguidas el mismo número si era par, y tres veces seguidas si era impar.
Las cuatro echamos a andar, alejándonos cada vez más de lo que ya conocíamos. Tuvimos que chocarle la mano a un calvo (nos preguntó con tristeza si era por calvo y tuvimos que mentirle), nos abrazamos con unas chicas borrachísimas de una despedida de soltera, perseguimos a una pareja y al final cruzamos el puente. Al otro lado, vimos un parque de niños y lo escalamos, para cumplir el número 6 (nos dimos cuenta de lo demacradas y mayores que estamos, madre mía, cómo nos costó).
Entonces apareció gente de clase: Inés, Ani, Marta, Jimena, Iván y Rafa. Nos pidieron nuestra participación en un vídeo en el que tuvimos que gritar cosas aleatorias al río durante 1 minuto (fue tan liberador chillar lo mucho que extrañábamos a Iñi). Luego les pedimos ayuda nosotras: decidimos hackear el juego diciéndoles que nos dijeran el número 4, para bajar a la orilla del río que teníamos al ladito y mojarnos las manos. Efectivamente, manipulamos el juego, fuimos unas tramposas. Y el karma actuó MUYYYY rápido.
Para empezar, no había bajada. Tuvimos que saltar una pedazo de valla y caer 3 metros al vacío, con riesgo de torcernos el tobillo y quedarnos cojas. La arena nos acogió, y comenzamos a andar por ella hacia el agua. Nos dimos cuenta de que se iba… tambaleando un poco bajo nuestros pies. Estaba blandita. Yo iba la última, porque era quien grababa en ese momento. Indi se adelantó… Y de repente la arena comenzó a absorberla. Sí. Eran arenas movedizas. NO es broma. Literalmente Clau e Indi terminaron hundidas hasta la rodilla, mientras chillábamos de terror. Terror real. No sé ni como conseguimos escapar, aunque sus zapatos y pantalones estaban llenos de lodo. WOW.
Huimos del lugar, en crisis, y las dos se descalzaron e intentamos lavar sus zapatos en una fuente de potencia -10000.
Acabamos sentadas en un banco, derrotadas y sin procesar todo lo que habíamos vivido, cuando apareció el resto del grupo (Pabs, Lita y Michi) dándonos EL SUSTO DE NUESTRAS VIDAS. Les anunciamos que teníamos que terminar la deriva, porque las converse de Clau estaban chorreando, nos dolía todo el cuerpo y eran las 3 de la madrugada.
Total, que caminamos 40 MINUTACOS hasta el piso. Nos habíamos alejado demasiado derivando. De camino vimos LITROS de sangre esparcidos por la acera, que aparentemente habían salido de la nariz de un tío al que le habían dado tremenda paliza. También vimos un tío descalzo haciendo una postura de yoga muy extraña. Y muchos polis… Vaya con Córdoba de madrugada!! Nos dimos prisita por llegar.
Una vez en el piso nos fuimos a dormir enseguida. Pabs y yo (los sumisos de este grupo) dormimos plácidamente en el sofá cama, con el agradable ruido de las converse de Clau azotando el interior de la lavadora. A mitad de noche me desperté, y me di cuenta de que estaba HELADA. Casualmente Pabs también se acababa de despertar. Nos abrazamos fuertísimo porque literalmente íbamos a morir de frío (yo tampoco entiendo por qué hacía TANTO FRÍO en ese salón, por la cara, con el calor que hacía en la calle).
Total, que así terminó el viernes.

