Córdoba (3): Analizar la ciudad

El sábado comenzó tempranito (obviamente llegamos tarde porque tenemos un problema). La mezquita nos esperaba: por fin íbamos a verla por dentro. Y qué 7 euros más bien empleados…

Es de los lugares más bonitos que he visto es toda mi vida. No exagero. Qué locura de arcos de herradura (esos no los dimos en Intro), bóvedas, capiteles. ¡¡¡¡Qué mezcla de arquitecturas!!! Las vigas de madera decoradas eran preciosas, por no hablar de los arcos cristianos, detallados a muerte. Me encantó también la zona de las sillas del coro, todas talladas. Era todo increíble, precioso. No podía parar de mirar alrededor y preguntarme cómo narices hicieron todo esto hace tantos años. Gracias Enrique por el tour guiado, me flipó mucho.

Luego salimos al patio de los naranjos a hacer un dibujo (otro). Me quedó inacabado, pero bueno, es que aún estaba impactada por el pedazo edificio que habíamos visitado, y encima la solajera que pegaba me tenía embobada.

Luego salimos corriendo para alcanzar a la clase, porque en lo que nos sacamos una mísera foto (la se debajo), se recorrieron la ciudad y llegaron hasta la Plaza del Potro. Ahí nos presentaron el trabajo que haríamos el resto del día, hasta las 21h: un análisis de la ciudad a través de distintos dibujos.

Recorrimos la zona y sacamos fotos decidiendo qué haríamos. Nos pararon unos de una despedida de soltero, nos sacamos una foto con el novio, nos metieron en una conga y casualmente encontramos mesa para 7 en el primer restaurante por el que pasamos, que era IDÍLICO. No podíamos dejar pasar la oportunidad.

En el restaurante nos trajeron la bebida en COPAS (luxury) y comimos comida riquísima mientras el sol brillaba, la gente charlaba y reía, y los artistas callejeros tocaban música flamenca. Había un ambiente y una felicidad en el aire increíbles.

Indi, Pabs y yo nos dividimos un risotto de langostinos y otro de trufa y queso que estaban para morirse. En serio, cómo estaban. Nos tomamos hasta un café al final de la comida, como verdaderos adultos (y porque nos esperaba una larga tarde dibujando).

Enrique y Alvaro pasaron por delante de nuestra mesa unas 7 veces mirándonos con furia y odio (no entendíamos muy bien qué hacían subiendo y bajando la calle sin parar), pero nada podía sacarme de lo rico que estaba todo.

Al final tocó irse y comenzamos con el trabajo. Nos sentamos en el bordillo que da al Guadalquivir, mirando hacia la Plaza del Potro e hicimos los primeros dibujos. Yo hice una sección fugada de la calle. hacia arriba y (con ayuda de Google Maps) una planta de la zona.

Unos de una despedida de soltero se pararon a charlar con nosotros (sí, otros. Había infinitas despedidas, no entiendo por qué), Isabel le hizo un retrato al novio y uno de ellos se puso todo intenso a recomendarme un libro sobre un arquitecto.

Luego nos movimos. Pabs y yo nos fuimos al patio interior del Museo de Bellas Artes, que era precioso y estaba lleno de naranjos. Ahí nos sentamos y pusimos a nuestra queridísima Taylor Swift de fondo para canturrear mientras dibujábamos. No quiero ponerme intensa, pero había una paz en ese patio, un olor a naranjas y a primavera, un solecito suave… me sentía tan tan tan feliz. (Gracias Regi por la foto concentradísimos)

Aquí hice unas perspectivas. Ya, ya sé que no eran lo más importante, pero el patio me había llamado la atención: había una vibra (Enrique, no te rías) tan calmada ahí dentro que no podía quedarme sin dibujarlo.

Luego, Pabs y yo salimos a la Plaza y nos sentamos con vistas a las fachadas, listos para dibujar secciones de cada lado de la plaza. Medimos mucho para trasladar la altura y anchura de cada edificio lo más fielmente a la realidad posible. Mientras dibujábamos, por la cara tuvimos una charla súper profunda y bonita (por enésima vez, nos encanta esto de ponernos sentimentales). Y obviamente con Taylor de fondo.

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