Una vez dado por finiquitado nuestro trabajo cordobés, tiramos hacia el piso, no sin antes parar en el Carrefour a por cena. Por el camino apagamos un fuego de una papelera (de nada, Córdoba, por salvarte) y ya en el piso nos arreglamos y cenamos, tomando vino blanco de 3€.
Nos pusimos como locos con el maquillaje. Clau le hizo un eyeliner chulísimo a Michi, y Lita y yo conseguimos convencer a Pabs (el negado del maquillaje) quien acabó poniéndose colorete y rímel. Y luego él me hizo a mí un eyeliner, que por la cara sabe hacer (yo nunca conseguiré que me quede bien).
Todos guapísimos (tendrán que creerme porque no hay ni 1 foto), salimos hacia donde habíamos quedado la clase y los profes.

Terminamos en un pub como de jazz chulísimo. Ahí Alvaro sacó sus pasos de baile prohibidos, charlamos con él sobre mil cosas, nos enteramos de chismes loquísimos y al irnos, Pabs se tomó una copa entera en 3 segundos (esto será importante más adelante). Resulta que por la cara acabamos charlando con Alvaro y Enrique en mitad de una calle, mientras que nuestros compañeros desaparecieron a Bambú, una discoteca.


Tuvimos una conversación en la que nos hablaron de sus hijos (no por su propia iniciativa, más bien los interrogamos), y en la que por algún motivo usé mucho mi oxidado alemán (qué vergüenza madre mía). Despedimos a Enrique con un abrazo grupal con saltos y Alvaro casi se mea de la risa. Estábamos bastante tontitos, la verdad. Álvaro nos acompañó hasta la puerta de Bambú (y menos mal, porque sin él no llegábamos).
Todos entraron, Pabs y yo éramos los últimos de la fila. Me giré y lo vi totalmente bizco (como siempre que va borracho) y con expresión confusa. “Sofi he perdido el DNI”, me dice. “No será tan retrasado”, pensé yo. Rebusqué en todos sus bolsillos llenos de cosas sueltas porque lo de llevar cartera o bolso parece no entrar en su cabeza de hombre.
Efectivamente, no estaba el DNI (recordemos que también lo perdió EN DICIEMBRE). Enseñó una foto del DNI, pusimos carita de adultos, yyyy nos dejaron pasar a la discoteca (esto en Madrid no se ve). Me guardé su móvil en el bolso porque solo faltaba que lo perdiese también.
Dentro nos encontramos a la gente de clase, bailando música flamenca y trap. Fuimos Clau, Indi, Pabs y yo a por nuestra consumición (error, no tendríamos que haber dejado al tío beber más). Bailamos y cantamos, dándolo todo. Al rato, Pabs dijo que quería salir y lo acompañé fuera. Nos pusieron un sello que más bien era un tatuaje, porque NO SE TERMINA DE BORRAR.

Fuera, tuve un momento de conexión con Manuel, el chicharrero. Por la cara. El tío estaba muy ofendido porque según él yo lo odiaba y lo llamaba “ese” y no por su nombre, y le pegaba el odio a mis amigas. Hicimos las pases como compatriotas, y Fidal y él nos contaron a Pabs y a mí cotilleos MUY relevantes que luego no seríamos capaces de recordar. Jolin.
Al rato, Pabs se alejó conmigo para acompañarme al “baño” (no concretaré, pero qué guarrada). Ahí me di cuenta realmente de cómo iba el tío. Tirado en un portal, decía cosas raras y tenía una cara de muerto que no podía con ella. Le dije que si quería irse al piso, y lógicamente me dijo que sí.
Así que, tirando de él, puse el Google Maps y andamos. Busqué su DNI por el suelo de cada calle, mientras le echaba la bronca por haberlo perdido y no ser capaz ni de decirme en qué maldito bolsillo lo llevaba. Le dije cosas MUY feas y lo amenacé con pegarle muchas veces, pero bueno, él no se acuerda de nada.
Resulta que yo tenía una llave, y la otra la tenían Michi e Isabel, que habían vuelto al piso hacía ya un rato. En lo que me puse el pijama, Pabs se había quedado sopa, dejándome sin charla nocturna. Me acosté pensando “bueno, ahora cuando lleguen Lita, Indi y Clau tendré que levantarme a abrirles”…
De repente son las 10 y pico de la mañana y Pabs y yo nos despertamos de la inconsciencia con el sonido de la voz de Michi diciendo “¿Pero dónde habéis dormido?” Lol. Entonces me acordé de que nunca llegué a levantarme a abrirles la puerta a las otras tres. Oímos que Michi cortó la llamada y lo llamamos, confusos y NO en nuestro mejor momento de rapidez mental. Se asomó al salón, donde dormíamos. Que habían tenido que irse a dormir con Dami porque no les abríamos. MADRE MÍA.
Al principio nos hizo toda la gracia pero después fue en plan… ostras… nos van a matar… Esperamos a la llegada de las tres aventureras, cagados. Pero resultó que se lo tomaron a risa. Pabs y yo nos dimos muchos abrazos con saltos.
Total, que nos preparamos para ir a la última excursión cordobesa de nuestro viaje: la visita al Medinat al-Zahra. Michi e Isabel se despidieron, porque se iban en guagua. El resto bajamos al garaje a por el coche y… nos esperaba OTRA AVENTURA MÁS.
Resulta que para abrir la puerta de la calle del garaje, hacia falta un mando que estaba EN LAS LLAVES que habíamos dejado EN LA HABITACIÓN. Obviamente, porque la habíamos DESALOJADO. No podíamos entrar a la habitación a por el mando porque la llave estaba dentro, así que la única opción era pedir ayuda a los vecinos. Clau y yo fuimos hacia el ascensor… y resulta que para que bajara hacía falta EL MISMO MANDO. Buscamos como locas unas escaleras, tenía que haber algo. Pues no. La única forma de subir era por el ascensor con el mando y la única forma de salir a la calle era… adivinen… con el mando. LITERALMENTE estábamos encerrados.

Llamar a la del piso a que viniera a ayudarnos era peligroso, porque habíamos pagado el piso como si fuéramos 5 personas siendo 7, y las únicas a las que había visto eran Michi e Isabel, que llegaron pronto el viernes.
Solo nos quedaban Michi e Isabel… Los llamamos, desesperados, y MENOS MAL que no habían salido aún hacia la estación. Estaban cerca. Les rogamos que tocasen a cualquier piso, para que bajase algún vecino a ayudarnos. Mientras esperábamos, entró un coche en el garaje y Clau y yo corrimos como locas detrás de él, para pedir ayuda (parecimos psicópatas). Y para nada, porque justo llegó una mujer con Michi, y nos abrieron la puerta. Tuvimos que animar a Chetti porque la cuesta para salir era casi perpendicular al suelo, y Chetti es viejito y débil… Pero hubo éxito.
Llegamos al Medinat al-Zahra sin desayuno en el cuerpo, porque el problemilla con el garaje nos había fastidiado los horarios. Menos mal que pudimos tomarnos allí un rico zumo de naranja de 4 euracos. Vimos un vídeo de IA con personajes que parecían Sims que explicaba cómo funcionaba la ciudad antigua. Y luego entramos a las ruinas, que estaban muy interesantes, aunque el recorrido fuera confuso y ciertos compañeros estuvieran totalmente demacrados.



Y se terminó el viaje. Tuvimos una agridulce despedida con abrazo de grupo con saltos incluido. Estábamos medio tristes y medio incrédulos. ¿En serio ya había pasado el viaje de DAI? ¿Y en serio había sido TAN guay?

Los cinco nos fuimos a montarnos en Chetti. El trayecto hacia tarancón comenzó… Bueno no, es que vimos un McDonald’s a 5 minutos de salir y claro, hubo que parar.


Por algún motivo todos los empleados eran agresivamente alegres y nos trataban genial. Nos sentó TAN BIEN la comida. Madre mía, que hambre teníamos. Tanta que aguantamos como campeones los chillidos del parque de niños. Fue bastante anticonceptivo, la verdad.


Y esta vez sí, salimos hacia Tarancón. La primera mitad del viaje estábamos un poco muertos y dormitábamos de vez en cuando. La Indi nos echaba la bronca por no hablarle. Pusimos la radio pero nos adormilaba casi que más. Hubo que parar.

Vimos una cafetería medio rancia y aparcamos a Chetti. Pedimos cafés con hielo y al primer sorbo comenzamos a notar que volvíamos a ser nosotros. Nos pusimos tontísimos, todo nos hacía gracia. Habíamos vuelto. Por la cara empezamos a hablar usando solo 1 vocal, primero la A. Luego la O. Qué carcajadas soltábamos. Los de la cafetería flipaban.


Después de mucha tontería, volvimos a Chetti y le dimos al aprendiz de conductor (Pabs) la oportunidad de demostrar todo lo que sabía. Dio un par de vueltas por el parking, en las que se olvidó de quitar el freno de mano, aparcó terriblemente y nos estampó contra un palo. Ya, nosotras también dudamos de que llegue a sacarse algún día el carnet.

Y al fin salimos, me tocaba ser copiloto. Ya estábamos más animados, charlábamos, reíamos, éramos felices. Llegamos a Tarancón y al rato salió nuestra guagua hacia Madrid. Hora y media de trayecto, en el que todos dormitamos un poco. Al llegar a Méndez Alvaro, estábamos MUERTOS. Que largo se estaba haciendo el viajecito. Pabs y yo fuimos al metro. 10 MINUTACOS DE ESPERA. Buf.
Llegué a la resi casi a las doce, y me pedí una pizza porque me moría de hambre.