London (1): Welcome

Ya lo sé, recién vueltos de Córdoba y ya estamos con el siguiente viaje. La gente de nuestro alrededor nos odia. Nosotros nos avergonzamos un poco. Juramos que nuestra carrera es de verdad, que es seria. Nadie nos cree.

Total, que el viernes en DAI recibimos un humilde segundo puesto en el concurso de Derivas y luego nos presentamos en GDA con nuestras mochilas enormes. Los profes echaron una bronca importante porque les ralla lo inútiles que somos, que no hacemos nada, que todo lo hacemos mal. Jiji. Hicimos la entrega de ese día en 10 minutillos para que nos contaran la asistencia (qué palo, después de la charlita) y… tiramos para Barajas.

Todo fue genial, llegamos bien de tiempo y fuimos a la puerta de embarque. Nos encontramos con Alex, Noah, Elena, Sandra y Porras, que iban también en nuestro vuelo. Nos zampamos TODAS las tortitas de yogur que Erika (la mamá de Pabs) nos había preparado para el viaje, y por fin nos subimos al avión.

Se me hizo corto el vuelo (¡¡¿cómo que se tarda más de Madrid a Gran Canaria que de Madrid a LONDRES?!!) y cuando llegamos al aeropuerto de Gatwick, llamamos al tío de nuestro supuesto taxi gratis… y resulta que tardaba 1 hora en venir. Madre mía. Hicimos el primer picnic del viaje (habría muchos) en el suelo del aeropuerto.

Cuando por fin llegó Mohammed con un cartelito que ponía “QKINQKIS”, no nos lo creíamos. Y fíjate que nos hubiera molado un viaje en silencio, para dormir, pero el Moha tenía otros planes. Que si la política mundial, que si museos londinenses, que si su amiga española, que si la guerra… No callaba el tío. Cuando nos dijo que fuéramos al British Museum a ver al humano prehistórico que mide 8 pies de altura y tiene un solo ojo en el centro de la cara, comenzamos a dudar de todo lo que decía.

Increíblemente, al final llegamos al hotel. Eran casi las 3 de la madrugada y estábamos muertos. La habitación era BIEN pequeña, pero bueno, así estábamos más pegaditos. Nos fuimos a dormir enseguida.

El sábado nos levantamos con toda la calma y nos pusimos guapos para nuestro primer día londinense. ¡HACÍA SOL! Y calor. Qué locura.

Paseamos por nuestro barrio y nos subimos al metro, que se convertiría en nuestra cosa favorita. Es taaaan cómodo y tranquilo el metro de Londres. Total, que almorzamos en un indio que creo que no me sentó del todo bien y fuimos a reunirnos con los teachers (no sin antes comprarnos unos postrecitos en el súper, jeje).

Llegamos a las 15h y nos recibió Fernando Casqueiro con un gorrito de pescador que no terminaba de pegarle. Nos reunimos con los de clase. El caso es que los profes llevaban un rollito extraño de contradecirse unos a otros de forma algo pasivo-agresiva y de hablar más entre ellos que a los alumnos. 

Y resulta que el líder de toda la movida, Nico Maruri, llegaba tarde, y que los profes estaban muy dispersos sin su estricta mano. Después de tirarnos 1 hora contemplando una jaula de monos hecha de tetraedros, le dijimos a Casqueiro que tirábamos al siguiente punto por nuestra cuenta: Camden. 

Ahí hubo macrounión con el resto de los de clase, que no se habían unido al grupo aún. Recorrimos Camden, que nos moló mucho. Era un barrio así como muy multicultural (rollo Lavapiés pero por mil) con muchos puestitos chulísimos y gente pasando el rato a la orilla del río. Mucha gente, mucha marihuana. Era un sitio curioso.

Luego nos volvimos al hotel, porque era la noche de fiesta y teníamos que ir a prepararnos. Nos pusimos guapitos, grabamos unos tiktoks que luego nos podríamos en bucle (nos hemos dado cuenta de que somos guapos), y salimos hacia Fabric. La cena de yatekomos con palillos chinos improvisados fue bastante remarcable.

Por la cara los seguratas eran prácticamente nazis. Nos cachearon, me quitaron mi camarita digital, nos taparon las cámaras del móvil con pegatinas y nos empujaron dentro con cierta agresividad. 

Ahí nos reencontramos con todos los de nuestra clase y también con Inés y los del H. Recuerdo estar con Clau y Alex bailando y pensar “WOW. Esto va a ser difícil de aguantar”. TECHNO HOUSE. Pum pum pum pum pum pum pum pum. Tremenda musiquita, por llamarla de alguna manera. Por no hablar de… la gente. Concretamente los hindús. MADRE DE DIOS. Pabs, Alex e Iván, los pobres, se pasaron la noche cambiándonos los sitios y dándonos empujones para alejarnos de los hindús que intentaban restregarse contra nosotras.

Y no eran ni las 2 cuando Pabs empezó a decirme que estaba cansado. Que quería irse ya. Yo le dije que se calmara, que en un rato nos iríamos. Al rato empezó a quejarse a Indi y Clau. Le dijimos que esperara un poquito… Lo que no sabíamos era que esa noche tendríamos ganador en nuestro juego (el juego consiste en ligar, gana el que ligue. Y claro, nunca gana nadie). 

Cuando un tío empezó a hablarle a Clau y ella le contestó sonriente, lo supimos. “Ha ganado”, le dije a Indi, incrédula. Mi pobre Pabs estaba desesperado por irse, pero resulta que Clau tenía la llave y NO conocíamos su paradero.

Pabs estaba irreconocible. No paraba de decir que se largaba solo, que odiaba la fiesta, que estaba harto, que era la PEOR FIESTA DE TODA SU VIDA y otras cosas feas que no repetiré. Al principio Indi y yo estábamos en plan, a ver, calma, en un rato volverá a por nosotros y nos iremos… Pero el rato se prolongó demasiado. Empezamos a recorrernos la discoteca (que era enorme), desesperados, buscando a Clau. Bueno, Indi y yo buscábamos, el pesado de Pabs solo SE QUEJABA más y más y más. La llamábamos, pero no había cobertura, la ubicación tampoco iba. No sabíamos que más hacer.

parecemos felices pero acabábamos de tener una pelea mortal

Eran las 4:30 cuando de casualidad vimos a Clau con el responsable de todos nuestros males. Directamente me dirigí al tío y le pregunté si tenía coche, para que POR LO MENOS nos compensara llevándonos gratis al hotel. Resultó que ERA TURCO y que no tenía coche. Nos preguntó si lo odiábamos. Le dijimos que sí. Y… nos fuimos.

Clau fue castigada con el trabajo de quedarse pendiente de las paradas del metro, mientras nosotros tres dormitábamos. Al fin llegamos. Pabs ni hablaba del cabreo que tenía, Indi y yo intentamos suavizar el tema un poco, y al final todo se convirtió en chiste cuando al llegar nos dimos cuenta de que Clau tenía el labio morado. Que el pedazo animal del turco la había MORDIDO. Cómo nos reímos con Purple Clau, madre mía.

Deja un comentario