El domingo fue un bonito día en Londres. Fuimos a visitar al Gran Ben, que estaba tan imponente como siempre. Paseamos tranquilamente por el centro y luego nos paramos a comer.



Fuimos a un Tesco (supermercado que se convertiría en nuestro lugar favorito). Descubrimos la ofertaza de plato principal, bebida y snack por 4£. Y aquí tuvimos nuestro primer PICNIC OFICIAL, en un parquito con vistas al London Eye, bajo el solecito. Fue tan idílico.


Luego tiramos para Notting Hill, porque queríamos ver el mercado de Portobello. Y vaya barrio más precioso. Tenía tantísimo encanto, puestos chulísimos (aunque algo salidos de presupuesto), casitas con las típicas escalinatas principales pintadas de colores variados… Nos flipó mucho.

Ahí nos metimos en una cafetería y preguntamos si tenían baño… Era una urgencia. Para los 4. Así de coordinados estamos, hasta nuestros intestinos van a la par. Nos dio bastante vergüenza salir de ahí tras 20 minutos y sin comprar nada, pero a veces en la vida hay que pasar vergüenza.
Seguimos recorriendo el mercado, y al final encontramos los puestos baratitos. Clau e Indi se pasaron un buen rato examinando los pendientes, anillos, pulseras… Pabs y yo acabamos dando un paseíllo por un pequeño parquito que había por ahí, y charlando mientras las esperábamos. Cuando fuimos a buscarlas resultó que necesitaban que me llevara unos pendientes para completar su oferta de 2×1. Como soy fácil de convencer, me señalaron a un par que eran de mi estilillo y me llevé unos.



Antes de irnos de Notting Hill, nos sacamos las que se convertirían en nuestras fotos favoritas y reafirmamos nuestro reciente aprendizaje: va a ser que somos medio guapos. Igual fue un poco intrusivo sentarnos en el portal de una random, pero el resultado valió la pena.

En el metro hacia Chinatown (donde habíamos quedado con los de clase), nos pusimos a decir chorradas, como de costumbre, y tuvimos un momentazo de IA total. Estamos obsesos con tener nuestro idioma español secreto, y soltamos un “SI ALGUIEN NOS ENTIENDE QUE SE PRONUNCIE”, y suelta de repente una chica random “Pues yo”. Nos hizo mucha gracia.


Y llegamos a Chinatown. Qué lugar más peculiar. Parece casi un parque temático, con su pedazo de entrada y su exagerada decoración, por no hablar de las millones de personas que había. Estuvimos por ahí con los de clase probando distintos alimentos asiáticos (un agua de flores, unas papas fritas de miel, unos pececitos rellenos de crema…) y al final cenamos.


Todos se cogieron unas salchichas envueltas en queso y empanado que tenían una pinta de empalague impresionante (además de parecer una americanada tremenda). Menos mal que decidí acompañar al celíaco, porque Pabs y yo nos cogimos unos platitos de arroz con pollo en salsa que estaban INCREÍBLES.


Esa noche estábamos en la cama a las 22:30, porque por la cara estábamos muertos de cansancio. En este punto del viaje yo ya estaba totalmente afónica.
El lunes nos reunimos con los profes desde tempranito, visitando el impresionante Tower Bridge. Vimos a Maruri al fin, que iba con una boina muy graciosa.


Nos llevaron al Tate Museum, que era muy chulo por dentro. Nos explicaron un par de cosillas y subimos a la planta 10 (después de un momento confuso en el que llegamos a un ascensor que solo iba hasta la 6). Las vistas eran una locura, y luego los profes nos dejaron recorrer el museo a nuestro aire. Vimos cosas muy interesantes y otras tantas muy extrañas.






Luego tuvimos picnic de Tesco (again!!), y después volvimos a reunirnos con los profes.

Vimos la Iglesia de San Pablo, que me pareció muy bonita, y nos explicaron que es prácticamente de mentira, porque la verdadera altura y dimensión de todo es menor, solo que tiene como una capa por encima que la agranda. Me pareció muy loco.

Luego nos llevaron al teatro Lyttelton, que era una maravilla de la arquitectura moderna. Lo digo en serio, nos flipó mucho. Maruri nos guió planta por planta, y admiramos los rincones del edificio. Nos colamos a ver la zona del escenario, y nos echaron, pero mereció la pena porque VAYA LOCURA. No saqué foto, pero quedará en nuestra mente.




Luego nos perdimos (pasó miles de veces en este viaje) y nos pasamos como una hora tratando de alcanzar al grupo de clase. Menos mal que estaba ELSA (una de otra clase, aunque no nos sonaba, que tiene el pelo casi blanco y destaca mucho a distancia). Vimos más edificios muy interesantes y un segurata nos echó de un patio (odian a los arquitectos en potencia o algo).

Cuando ya se hizo tarde, nos despedimos del grupo y nos fuimos hacia Soho, que aún no habíamos visitado. Nos pusimos a hacer cuenta atrás para que un semáforo se pusiera en verde y a un hombre random le hicimos gracia, y se puso a hablarnos. Cuando llevábamos 20 minutos y el tío SEGUÍA soltándonos una chapa POR LA CARA sobre lo que un hombre tenía que hacer con su vida, escapamos. Flipando. Últimamente estábamos siendo un maldito imán para chiflados.
Pabs y yo nos turnamos para guiar, porque en este viaje fuimos mamá y papá, y sin nosotros no había Google Maps (extrañamos a nuestros amigos del xoxomi, que se ocupan de esto habitualmente, Michi, Lita, love you).
Había mucho ambiente en Soho, lo recorrimos sin rumbo fijo (el único objetivo claro que tuvimos fue el de meternos en el baño de un Starbucks de uno en uno, creando una cola tremenda en un local en el que no habíamos comprado nada. Otra vez la vergüenza. Je je).

Entonces pasamos por debajo de una bandera bisexual que había por ahí. Vale, tengo que dar contexto: resulta que en los 60, Martín (amigo de Indi y de todos) se trajo a un par de amigos de su uni. Entre ellos Carlos Criado, un chico guapito que se ganó el corazón no de uno, sino de DOS de nosotros: Indi y Pabs. Y Martin nos dijo que era bisexual, así que la bandera les recordó a él…
Y decidimos (estábamos tontitos) mandarle una foto de Indi y Pabs bajo la bandera pidiéndole que escogiera a uno. Ya, ya. Al día siguiente nos dimos cuenta de que era MUY agresivo, pero ya era tarde.

Cenamos otro menú de Tesco, sentados por Piccadilly, una zona muy chula que parecía Times Square. Problemita: Pabs se fue a coger la ensalada que Indi había comido al mediodía, y chequeó los ingredientes, para asegurarse… “¿Qué es barney?”, me preguntó. Ni idea. Lo busqué en Internet… CEBADA. Me pregunté si la unidad de cucharadita que Pabs había probado de la ensalada de Indi al mediodía tendría consecuencias en su estómago celíaco. Lo descubriríamos muy pronto…
Tras la cena nos metimos en un bar muy inglés, donde nos sablaron cantidades estratosféricas por una cerveza, dos sidras y una coca cola. Pero bueno, mereció la pena, porque tuvimos una conversación muy animada sobre nosotros, nuestra hipotética serie, nuestro futuro decorado con IA y todos nuestros temas favoritos a tratar. Y ahí estuvimos hasta que nos echaron del bar porque cerraban.

Volvimos al hotel y… de repente empezó la fiesta de la celiaquía de Pabs. No daré detalles, pero pensé que lo perdíamos. Se pasó toda la noche yendo y viniendo del baño, de repente le daban unos calores desproporcionados, le entró por la cara un dolor de garganta de nivel que tuve que empastillarlo… Por solidaridad, preocupación o por mala suerte estuve todo el rato despertándome con mi compañero de cama celíaco, así que digamos que no fue nuestra mejor noche.