El martes era nuestro último día en Londres, y arrancó tempranito (habíamos quedado a las 10, que es mucho decir para estudiantes de horario de tarde que se han olvidado de cómo se madruga).
Llegamos al Barbican (como Sim encargada del Google Maps en este trayecto diré que VAYA ODISEA. Resulta que este complejo de edificios (o lo que contra fuera) era un laberinto de alturas… Subimos mil escaleras, bajamos rampas, cruzamos puentes y conexiones entre edificios para llegar con Maruri, y he de confesar que no estaba ni un 10% segura del camino que estábamos siguiendo. El caso es que, por pura potra, llegamos.

Qué decir del Barbican, si vas a visitarlo es una pasada. Que si los patios interiores, los lagos artificiales, los patrones de balcones idénticos, las calles en altura… Impresiona que flipas. Pero, sinceramente, creo que vivir ahí sería deprimente y sobre todo peligroso!!! Con tanto pasadizo, callejuela, tanta columna, tan aislado del mundo… De noche me cagaría. Conclusión: me declaro NO fan del brutalismo.



Tras la visita guiada los profes se esfumaron, y nos llegó por ahí la información de que habíamos quedado a las 13h en las oficinas de Richard Rogers (Clau, Indi y yo habíamos ganado el sorteo para subir a visitarlas, que ilusión!!!!)
Nos fuimos a por un menú Tesco de confianza para un desayuno-almuerzo y, a menos cuarto, nos dimos cuenta del panorama. 30 min caminando. 28 min en metro. Ya está, era imposible que llegásemos a las oficinas a tiempo. Corriendo hacia el metro, pasamos por delante de unas bicis de estas públicas. Lo miré, así, solo por curiosidad… 6 MINUTOS!!! EN BICI 6 MINUTOS!!!!! Adelante.

Y así fue, nos montamos los 4 en bicis por un país donde EL TRÁFICO VA AL REVÉS (encima hacía como 20 años que no montábamos, estábamos MUY oxidados). Menos mal que estaba Porras para guiarnos.
Fue un trayecto… Bueno, digamos que trágico es poco. Desastroso se queda cortísimo. A Porras casi la atropella un taxi, una ambulancia estuvo a punto de arrollarnos, nos saltamos mil semáforos y casi matamos a un par de peatones. Todo esto mientras íbamos al contrario de todos los vehículos de la calle. No solo pudimos haber muerto, sino que encima al llegar a la ubicación no era la correcta, no había donde aparcar las bicis, todo era un desastre y al final eran las 14h cuando llegamos a las oficinas.



La visita había acabado, lógicamente. Casqueiro nos dio una charla intensa sobre cómo había pasado un tren del conocimiento y nosotras no habíamos subido (cómo le explico que estábamos persiguiendo el tren en unas bicis patrocinadas por Santander).
Después de tanta desgracia, hubo que irse a comer. Otro picnic, para recuperar fuerzas. Y luego quedamos con Alex, Noah, Elena, Sandra y nuestra guía de bici para ir al Museo de Historia Natural… Error. Vaya aburrimiento de sitio. Quitando el impresionante hall de la entrada principal, ya me dirás tú qué interés tiene ver una sala de rocas y un ciervo de plástico.



Decepcionados, no quedó otra cosa que hacer más que merendar (habíamos perdido oficialmente el control de nuestras comidas). Andamos hasta Buckingham Palace, vimos de pura casualidad el cambio de guardia (bastante extraño, la verdad), y recorrimos el Palace Garden para sentarnos en el césped a comer.




Luego íbamos a ir a la National Gallery, pero resultó que había cerrado y nos quedamos sin plan de tarde… Así que nos dirigimos al Sky Garden, y por el camino recorrimos el London Bridge, desde el cual tuvimos unas vistas bastante locas. La verdad que fue un camino bonito, aunque al llegar al Sky Garden nos lleváramos OTRA cachetada: estaba cerrado. Eran las 19:30 y había sido un día algo fatídico, así que, aunque Indi rogaba volver a Camden, decidimos volver al hotel.



Ahí nos preparamos para la noche de plan indefinido con todos los del viaje. La gente nos llamaba, que dónde estábamos, que ellos ya habían llegado, que se morían por vernos… Qué le vamos a hacer, si causamos sensación.

Al final llegamos (tarde, para dar una entrada triunfal) y nos hicieron cambiar de destino final como 4 veces porque parece que ningún pub les convencía.


Terminamos en uno en el que nosotros nos hubiéramos quedado TODA LA NOCHE. La música pop molaba, el sitio era bonito y se estaba calentito, estaba todo el mundo…. bueno, al menos hasta que DE REPENTE se largó todo el mundo. Pabs y yo nos vimos solos, no me acuerdo ni de cuando desapareció la gente. Miramos las ubicaciones de Clau e Indi y, como estaban cerca, decidimos que ya vendrían a por nosotros. Nos quedamos ahí charlando con nuestras copitas de 7 libracas, tranquilitos en un booth de película. ES QUE EN SERIO, el sitio molaba tanto.


Pues al rato vivieron nuestras Sims a informarnos de que la gente quería irse a hacer botellón al parque???!!! Flipo. Con todo el frío!! Seguimos al grupo por las calles londinenses sin un objetivo claro, y… de repente apareció Luki Puki Crumble Cookie. Ay, Luki. Resulta que sus amigos son unos cafres malvados, y él sintió mucha envidia de nuestra profunda amistad de clase. Así que ahora Luki tiene amigos de verdad y hasta nos inventamos un saludo con él!!!
Luki, hablándonos de sus amigos, nos dijo que un tal Fernando (a quien Indi tenía MUYYYY fichado) era tinerfeño. Y claro, tuve que ir a hablar con él. Me dice, “bueno, yo no, pero mi madre y su familia son de Tenerife”. Y me dice: “DE GÜÍMAR”. Y yo casi me tiro al suelo a dar volteretas hacia atrás. Mi madre y su familia TAMBIÉN son de el mismísimo Güímar, el pueblo más aleatorio de Tenerife. Wow. Tuvimos una gran charla de conexión.
Y luego por la cara desapareció todo el mundo y nos quedamos los 4 solos con Luki. Vimos un Burger King, y para terminar de descontrolar nuestras comidas, nos comimos una hamburguesa a las 3 y pico que ni nos apetecía. Y luego tuvimos que acompañar a Luki en una guagua de dos pisos londinense, porque sus maléficos amigos se habían largado sin él. Experiencia ganada: tour de London!!!

Esa noche nos dormimos enseguida, muertos de cansancio. A la mañana siguiente tuvimos que recoger la pocilga que habíamos montado (juro que el año que viene no seremos así de desastres, esto ha sido una anomalía).
Cogimos un uber hacia el aeropuerto (que nos salía igual de precio que irnos en transporte público) PERO no igual de salud, eso lo descubriríamos más tarde… MADRE MÍA, nunca alguien condujo TAN MAL como Edward. No sé si era un castigo por haber desayunado en su coche o qué, pero el caso es que podríamos haber potado todos. QUÉ MAREO.
Y una vez en el aeropuerto empezó nuestro viaje de vuelta. El vuelo Londres-Santiago (sí, hacíamos escala) fue INCREÍBLE por lo vacío que iba. Estábamos 2 y 2 y teníamos 6 asientos, así que pude acostarse a dormir muy cómodamente.
Quitando el aterrizaje forzoso en el que literalmente pensé que el avión colapsaba (el peor aterrizaje de mi vida), fue genial. Luego salimos a respirar aire de montaña gallega, y nos tiramos en el césped a ver los aviones despegar. Así de aesthetic somos.

Y luego ya tocó el segundo vuelo, Santiago-Madrid, que fue muy cortito y en el que nos dio tiempo a finiquitar nuestros posts de Londres para Instagram y a ver 100000 veces nuestros TikToks, enamorados de nosotros mismos. Al llegar a Madrid, los padres de Pabs vinieron a recogerlo en coche (karma por haberse quejado de que “nunca lo recogen”. JA). Esto me vino genial porque me acercaron a mi resi, y llegué cómodamente (y muerta de sueño).
Y… sí. Se terminó Londres. Madre mía, que ya he viajado más con esta gente que con mis amistades de toda la vida. Ay, Londres, qué felices nos hiciste. Te amamos, y estoy segura de que volveremos de visita.