Esta semana santa hemos hecho una escapadita de estas cortas que les encantan a mis padres: 3 días recorriendo Islandia. Cuando me lo dijeron fue como ah, pues vale. No sabía muy bien qué esperarme. Y madre mía, qué sitio TAN BONITO. Nada más aterrizar, por la noche, nos recibió un cielo estrellado con aurora boreal. Precioso.


El primer día recorrimos el parque nacional de Thingvellir, vimos ríos y paisajes increíbles y sacamos muchas fotos.



Estuvimos en el cruce de la placa tectónica norteamericana y la europea, por la cara. Pensar que en cualquier momento podía haber un terremoto ahí daba mal rollo.



El agua estaba congelada en algunas partes, aunque no lo suficiente como para caminar sobre ella, por mucho que quisiéramos.


Vimos la loquísima catarata de oro, o Gullfoss. Por lo visto se llamaba así por una leyenda de que un granjero no quería que le robaran su oro al morir, así que lo tiró agua abajo. Aunque yo no vi oro, y eso que hice MUCHO zoom con el móvil.
Luego estuvimos en el cráter de Kerid, que tenía dentro un lago enooorme y turquesa, y muchos pibes chiquititos se resbalaban ladera abajo, fue muy gracioso.


Lo de la geotermia en Islandia me pareció una pasada. Resuelta que hay zonas donde el agua del río sale HIRVIENDO por el calor de la tierra.
Los tíos hacen el pan cavando un hoyo en la tierra y metiéndolo ahí a calentar. Veías a la gente con palas por ahí… está claro que para asesinar a alguien y enterrar los restos tienes que irte a Islandia, porque nadie cuestionará que vayas con una pala enorme.
El géiser Geysir (que le da el nombre a la palabra), surgió en la última edad de hielo y lanzaba chorros de agua de hasta 70 metros!!!! Pero desde 1915 está inactivo, el tío. MENOS MAL que está al lado el géiser Stokkur, que nos deleitó con su espectáculo de 25 metros (más peque, pero lo queremos igual).
Al día siguiente vimos esta PEDAZO DE CASCADA con aircoirises incluidos, que cosa más bonita. Literalmente locus amoenus. Skógafoss, mi nuevo lugar favorito. Es que era una locura, no podía quitar la mirada.


Luego vimos el faro de Dyrhólaey y la iglesia de Vik, muy monas, pero ciertamente la arquitectura no era lo que más destacaba en Islandia.


También estuvimos en la playa de arena negra, que tiene unas rocas ahí flotando enormes que según creen los islandeses son trolls que salieron de su cueva y se petrificaron al sol. Les molan las historietas estas raras a los tíos.


Luego estuvimos conduciendo como 1 hora por eternos “campos de lava”. Resulta que en el siglo XVIII se abrió una brecha descomunal en la tierra y salió TANTA LAVA que cubrió 25 kilómetros, y ahora lo único que crece sobre esa tierra es musgo, musgo y máaaaaas musgo.

Llegamos a la laguna del glaciar, que fue de mis lugares preferidos. Era precioso ver todos los icebergs flotando, las focas nadando por ahí, vimos hasta un iceberg romperse y hundirse un trozo (fuck cambio climático).
Nos contaron una historia un poco traumática. Resulta que de vez en cuando llega un iceberg flotando desde Groenlandia con un oso polar encima. Los islandeses, como mandarlo de vuelta les sale demasiado caro, SE LO CARGAN!!!. Me quedé shocked.


El último día visitamos la cueva de hielo más grande que han encontrado jamás. Resulta que un trozo de glaciar se deslizó por la montaña y luego la propia montaña cubrió el hielo, conservando esta pedazo de cueva durante años. Peeeero ahora que se ha abierto al exterior (la encontraron el pasado noviembre) está empezando a derretirse… Literalmente ESTE VERANO desaparecerá. WOW.
Moló mucho ver por dentro las cenizas de distintos colores impregnadas en el hielo. Dependiendo del color se puede saber si era de un volcán del año 300 o del 700. Una locura.




De ahí fuimos a la playa de diamantes, en la que vimos lo que mis queridas Taylor Swift y Lana del Rey describen en su canción “Snow on the beach”. Pues eso, bloques de hielo brillantes como diamantes en la orilla de la playa. Daban muchísima impresión.



Terminamos el día yendo a visitar unas cascadas en las que nos EMPAPARÍAMOS totalmente. Pero mereció la pena porque vaya locura. Es que no se ni cómo describirlo. La primera pudimos verla desde detrás, y era impresionante. La segunda está escondida en una cueva, y tuvimos que saltar por las piedrecitas del río intentando no empaparnos hasta llegar dentro.



Esa noche, como despedida, dimos un paseito por Reykjavík, y vimos la iglesia Hallgrímskirkja, que de frente parecía estar en 2D, no me imaginaba qué habría al rodearla. Por lo visto es arquitectura brutalista que imita la lava fluyendo, y la verdad que daba mucha impresión.
Recorrimos las calles principales, con sus casas de chapas de aluminio ondulado y colorido. La verdad que tenían mucho encanto, me pareció todo muy bonito.



Y hasta aquí la escapadita, ahora a volver a la rutina… me mato.