Un completo desconocido

Bueno, ayer llegué a casa y POR FIN pude ver con mis padres una peli que llevaba meses muriéndome por ver: A complete unknown.

Nos cuenta los inicios y el salto a la fama del LEGENDARIO Bob Dylan. Me mola ver este tipo de pelis con mi padre, que fue quien me introdujo al rock: Queen, Clapton, The Police, Patti Smith, U2… Y Dylan, claro. Mi padre tiene el Spotify de un boomer con buen gusto musical. Yo, tras ver Bohemian Rhapsody en el cine con 12 años, me obsesioné mucho con el rock, y terminé siendo yo la que enseñaba música a mi padre.

Pero bueno, volvamos a Bob Dylan. La peli va sobre sus primeros años: desde que llega a Nueva York con una guitarra y muchas ganas de mentir, hasta que se convierte en un icono del folk… y luego decide dar un giro COMPLETO a su carrera musical.

Mención especial a Timothée Chalamet por el curro estudiando el comportamiento y la forma de hablar de Bob Dylan, está increíble en la peli!! Y también al departamento de arte porque visualmente la peli es PRECIOSA.

Nos muestran la relación de Bob Dylan con Sylvie (aka Suze Rotolo). La musa olvidada. Ella se enamora del chico que conoce antes de la fama, pero él, en su búsqueda de identidad, la deja atrás. Es de las pocas personas que lo conoció antes de convertirse en un músico loco que parece no dormir por las noches.

Pero claro, ¿realmente lo conoció? Porque el Bob pre-fama ya era una especie de personaje que él mismo había inventado (creizi creizi). Nunca mejor dicho, un completo desconocido.

Luego está Pete Seeger, el guía espiritual de la música que todos querríamos (excepto Dylan, por lo visto). Siempre creyó en su talento, lo apoyó, lo guió al éxito… ¿y cómo se lo paga el tío? Lo manda a paseo cuando decide que el folk ya no le llena. ¿Icónico o traidor?

Y Joan Baez… madre mía. Se juntan dos genios musicales, ambiciosos, muy intensos. Con una química y una dinámica muy particular entre ellos. De alguna manera se complementaban, pero a la vez formaban un dúo medio tóxico. Bob cada vez se encerraba más en sí mismo, la necesitaba pero no podía sostenerla. Y Joan merecía más.

La escena donde Bob y Joan cantan “It ain’t me, babe” me encantó. Muestra la conexión que tienen sobre el escenario, esa mezcla de admiración y rechazo, y Sylvie observa desde un lateral. La vemos darse cuenta de que Bob ya la ha dejado atrás, y asume que debe pasar página.

Y cuando Bob Dylan está en el ojo del huracán, metido en esa fama loca (que no termina de encantarle), decide romper con todo y buscar su propio camino con el rock. Sale en el Newport Folk Festival con su guitarrita eléctrica, y el público… lo abuchea.

Bob fue un poco capullo, y en ese momento no lo fue menos, pero también fue valiente. Se atrevió a hacer lo que en teoría valoramos en un artista: ser fiel a sí mismo, experimentar. Pero lo castigaron. Y la cosa es que no creo que ese público odiase la música, lo que odiaron fue el cambio.

Bob Dylan y su rollito de “fuck el sistema, yo soy mi propio sistema”. Al final se sale con la suya, termina haciendo justo lo que quería. Pero claro, se queda solo. Y la peli no lo esconde. Queda claro que Dylan nunca dejó que nadie lo conociera del todo. Ni Sylvie, ni Pete, ni Joan. Igual ni siquiera él mismo.

No sé, a mí estas historias de genios egocéntricos me hacen pensar. Bob Dylan echó a todo el mundo de su vida para ser fiel a su visión. O bueno, tal vez nunca dejó que entraran.

¿Mereció la pena?

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